miércoles, 5 de marzo de 2014

Doña Mere, la mujer que siempre ayudó...

La última vez que la vi estaba enferma y en silla de ruedas. Acababa de escapar de la muerte y se salió de la cama –ignorando las recomendaciones médicas– para ir al Ministerio Público de Chimalhuacán porque alguien pidió su ayuda. Era octubre de 2012.

Así era Emerenciana López Martínez, doña Mere. Siempre dispuesta a ayudar. Y con la puerta abierta para las mujeres que huían de sus maridos golpeadores.

En 1993 yo era un reportero aprendiz del, ya desaparecido, periódico El Nacional y llegué a su casa en la colonia Santa Elena, porque ahí llegábamos los reporteros a los que nos interesaba escribir historias sobre la pobreza y problemas sociales. Esos reportajes ayudaban a destrabar procesos penales contra autoridades o caciques locales que permanecían congelados por muchos años, asuntos que no escasean en el Estado de México.

Recuerdo varios casos:

-El de El Pista, un joven que a los 16 años ya había matado a un par de personas y atemorizaba a toda una colonia. El desenlace de ese caso fue muy trágico. Detuvieron al joven, después salió del Tutelar y volvió a agredir personas. La impunidad, el temor y la venganza terminaron con toda la familia de Jesús Melchor Ambrosio, como se llamaba. Y finalmente, él también fue asesinado.

-El del hijo de una regidora al que no habían sentenciado después de mucho tiempo de haber sido detenido, acusado de violaciones y asesinatos. El junior, por supuesto, era apoyado por las autoridades en turno. Finalmente después de una serie de reportajes, el proceso caminó y la sentencia se dio.

Un domingo que fui a reportear a Chimalhuacán, alguien le avisó a la familia de una de las jóvenes atacadas por este sujeto y, depronto, aparecieron en el patio de doña Mere.
 La madre llevaba una bolsa con un kilo de carne de cerdo:
–Tome, muchas gracias por ayudarnos, me dijo.
Yo no entendía lo que sucedía, estaba desconcertado.
Emerenciana me comentó:
–Agárrala, están muy agradecios porque pasó mucho tiempo sin que nadie nos escuchara. No tienen nada y hoy mataron su puerquito porque tenían una primera comunión.
Estiré la mano, tomé la bolsa, y ese día fue la primera vez que lloré por la realidad de mi país, al realizar un reportaje. Con estas familias trabajaba doña Mere, con la gente a la que nunca nadie escucha y que tiene que andar mendigando lo que debería ser suyo por derecho: La justicia.

Y así, caso tras caso, denuncia tras denuncia, doña Mere siempre tendió la mano a la gente sin pedir un quinto a cambio.

A propósito de mi libro electrónico Doña Loba: una historia de cacicazgo y poder fui a buscarla en octubre de 2012 a su casa. Me dijeron que apenas unos días antes había estado muy grave. Al borde de la muerte. Pero que se había salido hacia el Ministerio Público de Chimalhuacán para ayudar a unas personas.



Salí de su casa y me dirigí hacia el Centro de Justicia. No me extrañó ver que a quien ayudaba era a un profesor. A pesar de que ella no terminó la primaria, todo tipo de personas, analfabetas o profesionistas, pedían su apoyo. Y ahí estaba, recién salida de sus crisis, en una silla de ruedas en la sala de espera del Ministerio Público. "Entrona", como siempre. Reclamando justicia a la autoridad.

Quedé de volver para platicar con ella y antes de irme le tomé una foto. Ya no la vi. De verdad, lamento mucho no haber vuelto a platicar con ella. Murió el sábado pasado.

De entre ese mar de frases, recuerdo una que la definía muy bien:

Un día me comentó que un político del PRI se le acercó y la invitó a participar en su gobierno, con la promesa de que después la iba a apoyar para ser candidata a diputada. Doña Mere escuchó y respondió:

–No, yo no me meto a la política porque me voy a volver igual que ustedes...cabrones.

@chimalhuacano



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